Estos vitrales, dispuestos en grupo sobre el techo, no solo bañan el espacio con luz natural, sino que la transforman en una experiencia cromática única. Al hacer las veces de tragaluz, cada panel filtra la claridad del día, proyectando sobre los muros y el suelo un mosaico cambiante de colores que dan vida y calidez al ambiente, combinando la funcionalidad de la iluminación con la belleza del arte vitro.